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Reseñas, comentarios, revelaciones, profecías

Art is a gun

Manuel Talens

El cuento final, primorosamente escrito, encandiló al muchacho. Él fue uno de los pocos que lo leyeron, pues la edición solo constaba de unas docenas de ejemplares, mecanografiados por un grupo de poetas jóvenes y novelistas de Rosario, su ciudad. Trataba de un campesino que se negó a ser soplón y a traicionar a sus camaradas de clase. El hacendado, vengativo, respondía dejándolo sin trabajo.

Las oraciones sinuosas, el verbo certero, los adjetivos sugerentes y algunas metáforas que adornaban el texto le parecieron lo más bonito que había leído en su vida, pero la característica que más le impresiono fue el final abierto, que permitía soñar, en el que los ojos del campesino se quedaban mirando fijamente al hacendado, con una determinación inapelable.
Muchos años después, aquel muchacho cayo combatiendo en la selva boliviana. Los soldados del ejército enemigo encontraron junto a su diario unas hojas desgastadas. El cuento se llamaba Venceremos.


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En: Rueda del Tiempo, Coleccion Andanzas de Tusquets Editores, Barcelona, 2001, p. 91

Sinceridad y poesía

Miguel Gil Castro

[9.11.2023]

Como cristiano acunado al abrigo de la Teología de la liberación todavía me siento en deuda, mejor dicho: responsable en parte, por quienes desde espacios precarizados, violentos y marginales cometen delitos y comparten conmigo el marco político, económico, social, etc. Por eso cuando me propusieron ser jurado de un concurso literario para jóvenes reclusos, organizado por el Programa Nacional de Centros Juveniles del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, dije que sí encantado. Dije que sí aunque la propuesta requería que trabajase a una velocidad extraordinaria para poder calificar (qué feo verbo) los textos poéticos y narrativos en muy poco tiempo. Dije que sí y no me arrepiento. 


No fueron días sencillos. Además de realizar mi trabajo, dictaba un taller de poesía en formato virtual para principiantes y mi mayor reto no era que los jóvenes poetas entendieran los ejemplos o realizaran los ejercicios. Mi mayor reto era lograr que sus versos fueran sinceros. Que sus poemas fueran “reales” como dicen los raperos. 

Las madrugadas que dediqué a la lectura de los textos concursantes las disfruté mucho. No da igual dormir ocho horas sabiendo que tus días son idénticos, que dormir cinco o seis sintiendo que tienes un propósito. Esas madrugadas me sirvieron para entender que los jóvenes reclusos no padecían dos males que aquejan a muchos poetas principiantes: 

-Vergüenza por mostrarse vulnerables, imperfectos, heridos, desolados. 
-Vanidad para demostrar al primer intento una obra maestra propia de un genio. 

Algunos poetas del taller se esmeraban por mostrarse audaces, encantadores y atrevidos en cada uno de los ejercicios, ocultaban sus heridas y escondían sus voces imitando las de sus ídolos. Desde allí el resultado más probable es un conjunto de poemas aceptables técnicamente, pero huérfanos de duende. Arte que no toca, no agita, no compromete, no emociona, no hiere, no conecta, no te hace sentir acompañado, consolado, comprendido. 

Los poemas más potentes de ese taller fueron escritos (lo supe después) casi desde el llanto y eran leídos con temblor en la voz y con miedo a prender la cámara. Esos son los imprescindibles. 

Durante semanas sostuve con algo de duda que si bien la técnica (manejo de figuras retóricas, manipular el ritmo del poema, utilizar el espacio de la página, respirar, etc.) se puede aprender y enseñar, abandonar la vanidad y escribir sin que la vergüenza impida una voz sincera es algo que se debe alcanzar por uno mismo. Siguiendo el ejemplo de amigos más experimentados o (si no se tiene la maravillosa fortuna de rodearse de personas que admira) el ejemplo que habita los libros, teniendo presente el consejo de Basho: no seguir las huellas de los maestros, buscar lo que ellos buscaron. 
 
Hoy recordé estos versos de una canción de Manuelcha Prado, que escuché por primera vez en la voz de Margot Palomino: “Venga el pintor y su ideal/venga el poeta marginal/vengan hombres con sus quenas, pensador ven con tus canas” y me pregunté hasta qué punto se puede reconstruir a un país desde sus márgenes. Lo averiguaremos.

La belleza

[fragmentos de Eres bella y brutal]

Rebeca Tabales

 

La belleza A es una belleza limpia, rosa, decente. Su hora del día es la mañana, su sabor el dulce, que gusta a los recién nacidos. La primera belleza que se puede reconocer, apta para menores, franca. Puede empalagar, pero nunca miente; ya avisaba desde el principio de su dulzor aburrido. Es la belleza de los cachorros, las flores abiertas, los campos a la luz del mediodía, el olor de la colonia, la bailarina dando vueltas en su cajita de música.


La belleza E es la belleza que sólo algunos ojos pueden detectar. Pasada de moda o futurista. Demasiado cotidiana o demasiado exótica para ser reconocida en un primer golpe de vista. Es una belleza que se infiltra en la voluntad secretamente.


La belleza I es la belleza de lo llamativo. Pavos reales, monos albinos, tartas de boda y adornos tribales. Su sabor es el picante. Es una belleza difícil de ignorar por los sentidos, pero el corazón previene contra ella.


La belleza O es la que guarda un misterio. Hay que mirarla con unos ojos que están en las tripas. Hay que hacer un pacto con los sentidos. Es la belleza de la contradicción. El murciélago, animal del aire y de lo subterráneo, ciego, como Plutón. La serpiente, unas veces el mal, otras, la sabiduría; símbolo de la medicina y la curación.


La belleza U es la que por hábito o piedad se encuentra en lo mediocre o en lo sencillamente feo. Todo objeto compite por el amor de los ojos del mundo, y cada uno tiene su recurso. Los objetos con belleza A, su luz, los objetos con belleza E, su sombra. Los I, su estrépito. Los O, su resistencia. Hay otros objetos que no luchan, sino que piden auxilio. Los perros salchicha, con sus grandes ojos. Los niños pobres, con sus grandes ojos, el tío feo a quien no quiere nadie, con sus grandes ojos. Las causas perdidas.

Lecciones de poesía con MLB. Pt. 2

[4.9.2023]


  1. En el poema las palabras no son sólo ellas mismas. Crean un aura, influyen una sobre otra, irradian sobre sí, crean cierto estado de ánimo. Esta acumulación de significados, conseguida gracias a la yuxtaposición, nos lleva desde una sintaxis de la consecuencia hacia una sintaxis de la adyacencia. 
  2. La yuxtaposición es un medio adecuado para nuestros tiempos fragmentados. Sin embargo, hay que evitar la tentación de yuxtaponer cualquier cosa con cualquier otra cosa. La pura arbitrariedad lleva a efectos artísticos poco interesantes. 
  3.  Un buen texto es más inteligente que su autor. 
  4.  El texto debe ser para la vista, para el oído y para el intelecto. 
  5.  Cada desviación de la norma está cargada de significado. No debemos cambiar el orden habitual de las palabras porque sí. Pensemos a la poesía como en el ajedrez – al decidir cuál será mi próxima jugada, debo considerar también cuál será la jugada de mi contendiente. En este caso, estoy jugando con el lector, debo entonces considerar sus maneras de interpretación. 
  6. La morfología de la palabra también genera un aura y se abre a asociaciones - también aquellas que no habíamos anticipado. 
  7.  Todo artista se enfrenta al desafío de comprender su propia estructura mental y orientar sus acciones de acuerdo a ella. 
  8.  Existe la economía del regalo, de la generosidad. Vale la pena practicarla, pero sin dejar que se aprovechen de uno. El trabajo creativo también es trabajo.
  9. Es nuestro deber experimentar. Puede ser que sientas que aciertas, que das en el blanco, o que no le das. Pero si siempre das en el mismo blanco, o te pierdes a sus costados, tal vez sea momento de explorar otros territorios. Mantener una actitud curiosa, de investigador, teniendo en cuenta que el resultado del experimento puede ser insatisfactorio. 
  10. En el caso de la poesía, el investigador es parte del fenómeno observado. No hay texto sin contexto. Es poco probable que evitar influencias sea viable. Debemos en algún momento participar en un agón o batalla con nuestros predecesores. 
  11. Ver al lenguaje no como cadenas, sino como océano. Cada nueva frase, cada oración que emitimos, es única e individual. Con cada palabra que escogemos, nos sumamos a este océano, a esta sopa en la que están ya participando Miłosz, Safo y Homero. No sentirnos cohibidos, tampoco copiar acríticamente. Agregar sal a esta sopa que nos antecede y verterla en nuestro propio plato. 
  12. Es conveniente que el poema sea sobre algo. 
  13. En nuestro oficio, lo más importante es el cómo. 
  14. Ritmo, pulsación, concentración semántica: no tiene por qué haber una misma intensidad en todo el poema. La repetición ayuda al ritmo. Evaluar en qué partes el poema requiere densidad y en cuáles rarefacción. 
  15. El poema como apertura a algo más allá de uno mismo. (Esto se logra gracias al ritmo.) 
  16. Libertad, pero también responsabilidad. 
  17. La poesía y los slogans políticos no se llevan bien. Dicho esto, es válida la existencia del poema utilitario, el poema herramienta, que no siempre es muy artístico. 
  18. No somos sopa de tomate para gustar a todos. 
  19. Están permitidas todas las formas gramaticales, además es necesario crear formas nuevas. 
  20. La ironía es el arma de los débiles. 
  21. Los mensajes sencillos no son malos. Tienen un gran poder y son muy difíciles de articular, aunque parezcan fáciles. 
  22. El poeta debe saber. 
  23. Selección, selección, selección. 
  24. Lo importante es el efecto, no la intención. 
  25. Los poemas que nos salieron bien ya no nos pertenecen. 
  26. No tener miedo al rídiculo. 
  27. La rima lleva al autor a donde nunca pensó que llegaría. 
  28. La constricción puede ser también liberadora. 
  29. Controlar (a veces) y (a veces) soltar el control. 


Las reflexiones citadas son fruto de la discusión de textos compartidos por Jakub Grabiak, Kacper Uss, Alicja Bagińska, Kamil Hyszka, Beata Rokosz, Maria Czekańska, Maciej Skalik y Alhelí Málaga, en el marco de los Talleres Literarios de Verano facilitados por el poeta Miłosz Biedrzycki/MLB.

Sensini [fragmento]

Roberto Bolaño

Así pues, el Ayuntamiento de Alcoy no tardó en enviarme su dirección, vivía en Madrid, y una noche, después de cenar o comer o merendar, le escribí una larga carta en donde hablaba de ligarte, de los otros cuentos suyos que había leído en revistas, de mí, de mi casa en las afueras de Girona, del concurso literario (me reía del ganador), de la situación política chilena y argentina (todavía estaban bien establecidas ambas dictaduras), de los cuentos de Walsh (que era el otro a quien más quería junto con Sensini), de la vida en España y de la vida en general. Contra lo que esperaba, recibí una carta suya apenas una semana después. Comenzaba dándome las gracias por la mía, decía que en efecto el Ayuntamiento de Alcoy también le había enviado a él el libro con los cuentos galardonados pero que, al contrario que yo, él no había encontrado tiempo (aunque después, cuando volvía de forma sesgada sobre el mismo tema, decía que no había encontrado ánimo suficiente) para repasar el relato ganador y los accésits, aunque en estos días se había leído el mío y lo había encontrado de calidad, «un cuento de primer orden», decía, conservo la carta, y al mismo tiempo me instaba a perseverar, pero no, como al principio entendí, a perseverar en la escritura sino a perseverar en los concursos, algo que él, me aseguraba, también haría. Acto seguido pasaba a preguntarme por los certámenes literarios que se «avizoraban en el horizonte», encomiándome que apenas supiera de uno se lo hiciera saber en el acto. En contrapartida me adjuntaba las señas de dos concursos de relatos, uno en Plasencia y el otro en Écija, de 25.000 y 30.000 pesetas respectivamente, cuyas bases según pude comprobar más tarde extraía de periódicos y revistas madrileñas cuya sola existencia era un crimen o un milagro, depende. Ambos concursos aún estaban a mi alcance y Sensini terminaba su carta de manera más bien entusiasta, como si ambos estuviéramos en la línea de salida de una carrera interminable, amén de dura y sin sentido. «Valor y a trabajar», decía.

Lecciones de poesía con MLB. Pt. 1

[30.8.2023]


  1. Abstenerse de escribir.  Dejar pasar. Esperar – para poder atisbar, canalizar, dar espacio a lo que está debajo de la superficie. 
  2. Siempre hay algo recibido en el principio.
  3. ¿Dónde reside el peso principal de mi poema? Balancear la construcción del conjunto, las imágenes específicas, el aspecto intelectual, el sentimiento, la intuición. De preferencia no quedarse en un solo nivel.
  4. La poesía como destilación y condensación, empaquetamiento de significados. Un peligro al que nos enfrentamos es exagerar con la condensación. Entre dos polos: decir demasiado y recortar demasiado.
  5. Funciones de la retórica: sorprender, informar o enseñar, proporcionar entretenimiento, instar al bien. El discurso en verso es una rama de la retórica. En ese sentido, son lícitos tanto los poemas que juegan y sorprenden como los que hacen pedagogía, tanto los que entretienen como los que moralizan y animan a la acción política.
  6. La dosis hace el veneno.


Las reflexiones citadas son fruto de la discusión de textos compartidos por Jakub Grabiak, Kacper Uss, Alicja Bagińska, Kamil Hyszka, Beata Rokosz, Maria Czekańska, Maciej Skalik y Alhelí Málaga, en el marco de los Talleres Literarios de Verano facilitados por el poeta Miłosz Biedrzycki/MLB.